Si pudiese borrar todos los errores del pasado, estaría borrando la sabiduría de mi presente.

¿Te ha pasado que hay momentos en que los errores del pasado te pesan tanto que no te permiten avanzar? Creo que a todos nos pasa que vemos aquellos ‘errores” que alguna vez cometimos como sentencias de muerte, nos dan vergüenza, nos cuesta pensar en ellos y quisieramos borrarlos por que sentimos que recordarlos o echarnos un clavado y volver a vivirlos nos causa dolor, culpa o enojo, remordimiento, pesar o impotencia. Realmente los “errores” del pasado no son más que lecciones, y no pretendo al llamarlos así aminorar la gama de emociones cuando piensas en ellos, claro que no, es natural y válido sentir todo lo que sientes, no podemos negarlo, pero tomando un gran respiro y mirándolos con un lente un poco más objetivo esos “errores” te han enseñado mucho.
Tal vez te han enseñado a entender mejor tus prioridades en la vida, a poner primero tu bienestar que el de otros, a ahorrar más y estar preparado/a, a esforzarte más en la escuela, a tal vez aprender algo nuevo, a que no te gustaba donde estabas y decidiste salir de ahí, tal vez a manejar mejor las situaciones con tus hijos o tu pareja, a buscar relaciones sanas, sea lo que sea haz aprendido algo, y si piensas que no, te invito a detenerte y pensar un poco, estoy segura que encontrarás algún aprendizaje. Y es que le tenemos tanto miedo y le huimos a aquello que nos puede causar crisis, cuando realmente de la crisis es de donde podemos crecer y evolucionar más. Las crisis nos pueden catapultar a una mejor versión de nosotros mismos.
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Creo que es necesario cambiar nuestra perspectiva y comenzar a ver los “errores” y momentos de “crisis” en nuestra vida desde un lente de apretura, agradecimiento y liberación.
Si, es cierto, perder ese trabajo fue difícil, pero aprendiste a hacer otras cosas, o tal vez te diste cuenta que necesitabas desempeñarte en algo más, que al final ni te gustaba lo que hacias, o tal vez tenias el trabajo perfecto y estabas muy arriba, tuviste que aprende que siempre se puede empezar de cero, tal vez a ser mas humilde o que necesitabas prepararte más. Si, es cierto que el divorcio es de las cosas más complicadas y difíciles de superar, pero te aseguro que aprendiste cosas buenas, tal vez aprendiste a tener autonomía, a conquistar miedos, a comenzar cosas que jamás pensaste lograrías, te cuidas más, tal vez como padre o madre sientes que haz cometido muchos errores, aveces vivimos con la culpa de poder haber hecho algo mejor, de que “debemos” dar lo mejor, pero piensa que haz hecho lo mejor con las herramientas, tus circunstancias y lo que pudiste hacer en dererminado momento, que siempre estamos en estado de aprendizaje constante al ser padres, siempre se puede mejorar.
Hoy te invito a abrazar tus errores, a aceptarlos, a darles la bienvenida y agradezcas que sucedieron, que hagas un recuento de lo aprendido, y que si no lo habías hecho, hoy tienes la oportunidad de aprender de ellos, no siempre estamos preparados, pero se puede.
Recuerda que si borraras todos los “errores” del pasado, estarías borrando toda la sabiduría del presente.
 
Viniste a triunfar, crecer y ser feliz. ¡No te distraigas!
 
#pasadopisado#mentesana#fortaleza#sabiduría#crecimiento

“Pasado pisado, presente de frente, futuro sin apuro”

Lunes de Motivación. ¿Cuántos de nosotros vivimos con el pasado en el presente? O tal vez todo el tiempo preocupados por el futuro. Aún que bien es cierto que nuestras vivencias del pasado contribuyen en gran parte a lo que somos hoy, no son quien nos definen, las experiencias pasadas buenas o malas son enseñanzas, no sentencias de por vida. Lo pasado ahí pertenece, al pasado, si lo traemos constantemente al presente nos perdemos de poder vivir plenamente el hoy y aprovechar las oportunidades que se nos brindan. No eres ya esa persona del pasado, haz evolucionado, aprendido, crecido, eres la misma en esencia pero mejorada. Es necesario que aprendamos a vivir el presente conscientes del hoy, saber que cada mañana es un regalo y que necesitamos tal vez vaciar un poco la mochila de las emociones para poder avanzar más rápido y disfrutar el presente y sus bendiciones. El futuro es incierto y podemos pasar una vida tratando de predecirlo, modificarlo o prepararlo y aún que podemos hacer algunas cosas para vivir un futuro mejor, lo cierto es que no lo tenemos garantizado o comprado. Vive el presente de frente, con todo lo que tienes, esfuérzate por conseguir aquello que deseas, prepárate, infórmate, actúa, no vivas como autómata sin saber si es hoy, ayer o mañana, la vida es hoy y solo tienes este día como regalo. Te aseguro que si pones todo de tu parte el día de hoy y trabajas por aquello que más deseas, el futuro vendrá sin apuro por que serás más fuerte, estarás mejor preparado/a, más sabio/a, satisfecha de tus logros y de lo que haz hecho para lograrlo. Piensa que “lo pasado pisado, presente de frente y futuro sin apuro”.

Viniste a triunfar, a vivir y a ser feliz. ¡No te distraigas!

Gracias por leerme, si te gusta comparte o comenta, me encanta el diálogo y la retroalimentación. Un abrazo hasta donde estés.

#pasadopisado #hoy #presente #libre #exitoso #exitosa #vidaconsciente #libera #actúa #esfuerzo

Muestro mis cicatrices para que otros sepan que pueden sanar.

Una de las partes más difíciles de nuestra vida es el mirar atrás, el volver a tocar temas o vivencias que creíamos olvidados o que decidimos por salud mental y emocional olvidar. Cuando eres una guerrera o un guerrero y has vivido toda tu vida en lucha constante aveces no te das cuenta de lo que haz perdido en el camino, de lo que haz necesitado “enterrar” para poder sobrevivir y llegar a superviviente.

Siempre pensando en cómo superar, cómo llegar más allá, cómo resolver, cómo salir adelante, cómo proteger, cuando protegerte es lo único que te queda o tal vez a quienes amas, sin mirar lo que está a allí, dentro de ti,  pidiendo a gritos salir, pidiendo a gritos sanar, en mi caso es esa niña que perdí o tal ves nunca tuvo la oportunidad de vivir en plenitud su niñez, su inocencia arrebatada por tantos años, su momento de juego, de sueños, de ser cuidada, de perderse en la inmensidad de la creatividad y perder el miedo a todo, el creer que todo es posible…Ella sigue ahí, aún la escucho, me guía, me habla, me sonríe, me pide disfrutar de la vida, arriesgarme a lo desconocido, pero aún me descubro protegiéndola, tratando de asegurarme que estoy en lugares, situaciones y con personas buenas o que no representan peligro.

No es fácil mostrar nuestro lado vulnerable, nuestro lado de dolor, mostrar nuestras heridas o cicatrices, nuestras medallas de guerra, sin embargo hoy se que es necesario para poder crecer y evolucionar, el mirar hacia adentro, echarse un clavado dentro de nosotros mismos y tal vez, poco a poco, con amor, bondad, paciencia y compasión desenterrar poco a poco, limpiar, tal vez perdonar, llorar, aceptar y sanar, es bueno buscar ayuda, es bueno el pedir ayuda, el entender que no tenemos y tampoco “debemos” tener siempre todo el control, aceptar que necesitamos de los demás, que necesitamos aprender a confiar, a salir de nuestra zona de confort, es bueno como dice esta frase mostrar nuestras cicatrices para que otros sepan que es posible sanar…¿Y tu? tienes  la valentía y la fortaleza para mostrar tus cicatrices.

Gracias por tomarte el tiempo de leerme. Si te gusta, compártelo, si te identificas o tienes alguna opinión, comenta, me encanta la retroalimentación. Un abrazo hasta donde quiera que te encuentres.

¡Reconócete! ¡Celebra tus logros!

Después que ha pasado algún del fallecimiento de mi madre aún hay momentos en que comienzo como en cámara lenta a volver a vivir nuestras últimas conversaciones y vivencias. Y no importa que haya pasado por esas memorias varias veces ya, cada vez encuentro una nueva enseñanza, un nuevo mensaje y el verdadero sentido de sus palabras o de lo que viví los últimos días que pasé con ella. Yo creo que la enseñanza más grande de las muchas que ya he descifrado es la de saber darle valor y celebrar lo que he logrado en la vida por más pequeños o grandes que parezcan estos logros,  aceptar que “Yo”, sí “Yo” he superado lo que jamás pensé superar y llegado a donde jamás pensé llegar, pero siempre soñé. Cuando ella y yo tuvimos nuestra última conversación  después de cinco años de no vernos, de muchos perdones, ella me miró a los ojos y me dijo con una sonrisa, no hay nada que perdonar, no hay nada de qué arrepentirse, yo no hubiera podido ser más feliz por ti como lo he sido estos últimos años, he vivido contigo cada uno de tus logros, he bailado Salsa contigo en cada una de tus presentaciones y me has dado vida, el corazón se me llena de orgullo al saber que primero para ti esta el dar, que tienes ese corazón que se preocupa por concientizar, por cambiar esquemas, por ayudar a cambiar vidas y comenzar una organización de ayuda para las mujeres junto con otras mujeres igual que tu es prueba de que hice algo bien en la vida, que dejo en ti la semilla correcta, verás, yo siempre pensé que no hacía nada bien o que no hacía lo suficiente, viví sintiéndome inútil, que nunca hice un buen trabajo, hasta poca cosa, y al verte a ti y a tus hermanas hoy se que lo logré. ¡Que hice algo bien! Hoy, llena de felicidad veo el fruto de mi trabajo.

Me tomó de la mano y me dijo, hoy me puedo ir tranquila y feliz de saber que haz llegado donde siempre debiste estar, al lugar que perteneces, aún te queda mucho por conquistar, haz descubierto que tus capacidades no tienen límites. Eres una sobreviviente y una guerrera.

Tengo que confesar que con tantas emociones en ese momento no comprendía muy bien su mensaje. Y después pensaba. ¿A qué se refiere? ¿De qué habla si yo tengo una vida normal? No soy una celebridad, ni millonaria. Pensé, bueno, es que es mi madre y me quiere…

Cuando meses después comencé lentamente a hacer un recuento de mi vida para poder entender el mensaje, me di cuenta de lo que hablaba. Soy sobreviviente de abuso sexual y violación de muchos años en mi niñez y adolescencia, y de violencia doméstica cuando tuve mi expareja. Te parecerá un poco extraño que no me califique como víctima de estos hechos, y es que verás, hace muchos años decidí de manera consciente erradicar esta palabra de mi mente y de mi vida. Cuando pasas por estas experiencias es difícil tratar de comprender, reconocer, enfrentar, aceptar,  y decir sí, me pasó a mí, sí, yo lo viví, hablar de ello y ayudar a crear conciencia en otros, porque desgraciadamente esto pasa todos los días.  Hoy me da gusto decir, sí, me pasó a mí y lo superé, pensarás, claro, como si fuera así de fácil, lo sé, y no lo es, lleva años de introspección, de ayuda, de mucho perdón, de aceptación y aprendizaje, de lágrimas y alegrías, pero se puede. Aun tengo momentos de oscuridad más se como manejarlos y salir de ellos, gracias a esto hoy soy una superviviente.

Cuando me casé por primera vez hace mas de 17 anos decidí enamorada de la vida, mi pareja y mis ilusiones en mudarme a los Estados Unidos de Norte America, dejé mi familia, casa, amigos, todo, como muchos en busca de un futuro mejor y una mejor relación de pareja. El futuro económico iba más o menos pero el de pareja, bueno pues a los 2 años de llegar a este país me convertí en madre soltera  y por muchos años,  fuí el único sustento y apoyo de mi hijo, hubo momentos muy  difíciles, de muchas preguntas sin respuesta, de enfermedad, de hospitales, de soledad, pero de mucho aprendizaje y crecimiento, a pesar de todo esto sabía que había una fuerza motora que me hacía levantarme cada día con la frente en alto y el corazón al 100%. Algo que tengo que reconocer es que la vida siempre ha puesto ángeles guardianes disfrazados de amigas/os y con ellos a mi lado pude salir adelante.

Después de mi divorcio, en bancarrota y después de perderlo todo, bueno no todo, nos quedamos con nuestra ropa, dos camas, una tele y un sillón, y vivir algunos dias en mi carro con mi hijo, mis amigas me ayudaron a salir adelante, poco a poco y con esfuerzo todo empezó a mejorar, comencé uno de mis sueños más grandes que era bailar, decidí no escuchar a los que me decían que ya no era yo una jovencita, ¿que cómo? ¡si era yo mamá! ¡Si el bailar no es de mujeres decentes! Que ningún hombre me iba a tomar en serio. Decidí escuchar a mi corazón e inscribirme a una academia de baile y bailar la música que hacía a mi alma vibrar, la salsa. Comencé a tomar clases, a entrenar y después de un tiempo a hacer presentaciones, con ellos aprendí a dejar los miedos atrás, a conocer lo que puedes lograr con constancia y dedicación, a que te puedes caer una y otra vez pero te levantas y lo vuelves a intentar, a dejar ir, a saber que no puedo controlarlo todo, mi hijo de entonces 6 años, me acompañaba a mis prácticas y sin pensarlo en esos momentos le estaba enseñando a creer en sus sueños, a levantarse después de caer, a volver a intentarlo. A aprender que los errores son parte de la vida y de nuestro crecimiento como seres humanos. Ese día decidí darme el regalo del baile y de la música y con ese regalo llegaron muchos más, conocí a personas que se convirtieron en mi familia, que amaron a mi hijo tanto como yo y que siempre creyeron en mí , seguí bailando y hoy el baile forma parte de mi vida, me convertí en instructora de baile, directora de mi propio grupo y sigo haciendo presentaciones con grupos locales en congresos y festivales.

Después de tres años, bailando Salsa conocí al que sería el amor de mi vida, a mi apoyo más grande y a la persona que me ha ayudado a crecer y enfrentarme a mis demonios internos, pude ver por primera vez y sentir con claridad lo que de verdad es el amor, y no el romántico de cuento de hadas sino el del mundo real, el que no se rinde ante las adversidades, el que te hace ver lo mejor de ti aunque a ti te cueste verlo, el que te ayuda a limpiarte esas alas rotas y las reconstruye con amor y constancia y te dice ¡vuela! El mundo es tuyo! Vuela tan alto y tan lejos como puedas y quieras… El amor que te respeta, que te da libertad. Él tomó a mi hijo de la mano y desde ese día jamás lo ha soltado, con él he aprendido a ser mejor madre, a saber el valor del trabajo en equipo, a entender cosas de mi y de mi hijo que de otra manera nunca hubiera entendido.

 Después de un tiempo la vida me da otro gran regalo, la  llegada de mi hijo menor y con él mi vida cambia por completo, sufro de depresión post-parto y la única salida, según los doctores eran los antidepresivos, con este diagnóstico me enfrento a uno de los miedos más grandes en mi vida, ya que mi madre vivió en depresión por muchos años y fue presa de los antidepresivos hasta sus últimos días, con ella viví en carne propia lo que es vivir con una madre en depresión. Aprendí mucho a cerca de esta enfermedad. Después buscar alternativas que me sacaran de esa nube gris donde vivía encontré mi mejor medicina en el ejercicio, aprendí a comer saludable y lo combiné con lo que más amaba, bailar así que me convertí en instructora de Zumba®y me certifiqué en varias de sus especialidades. El ejercicio y la música me ayudaron a ver la vida de diferente manera y disiparon la nube gris. Comencé a trabajar como instructora con una organización sin fines de lucro y día a día veía a muchas mujeres que como yo, luchaban, bailaban, se reían y me contaban sus maravillosas historias, todas eran como la mujer maravilla, historias increíbles de mujeres guerreras, todas ellas dignas de un libro, al escucharlas en cada una ellas encontraba algo en común, ninguna veía ni valoraban sus logros, lo que habían superado en la vida, lo que las hacía únicas.

Años mas tarde, la vida pondría en mi camino a mujeres que compartirían mi sueño y mi visión en esta vida de ayudar y empoderar a otras mujeres y formamos una organización sin fines de lucro de la cual soy  co-fundadora y me encargo de su difusión, todas estas mujeres trabajan de noche y de día por sus familias y por esta noble causa, una vez más en las actividades de nuestra organización me vuelvo a encontrar con más mujeres maravillas, que como super héroes hacen hasta lo imposible por proveer, estudian, madres solteras, trabajan dos trabajos, tienen maestrías, doctorados, son empresarias, asesoras, en fin tantas maravillas, pero igual con algo en común, y saben que es este algo en común, la enseñanza que me deja mi madre, el que no le damos valor a lo que hacemos, a lo que hemos logrado, a lo que hemos superado y nos ha hecho llegar a donde estamos. Todas/os somos sobrevivientes y con lo aprendido y superado llegamos a ser SUPERVIVIENTES, ¡somos guerreras/os! Todos hemos superado y logrado mucho en nuestra vida…¿tú lo reconoces? ¿sabes de lo que te estoy hablando? ¿lo valoras?

Amarte-a-ti-misma

En este mundo que va tan deprisa y que a veces nos exige casi ser perfectos y siempre felices, que nos pone fotos y videos por todos lados de super mamás con cuerpazos y 4 hijos, de mamás que son empresarias, que viajan, que trabajan, que tienen doctorados, hablan 5 lenguas etc, matrimonios o relaciones “perfectas”, hijos “perfectos”, parece que lo que hacemos, hemos hecho, o superado no es nada. Nos sentimos sin sentido. Cuando te platico algunos anécdotas de mi vida no es para alardear, o como dicen en mi tierra echarme mis guayabazos, o para que digas ¡WOW! o ¡pobre! o tal vez digas bueno ¿Y?,  no, es por que espero que en algunos de estos anécdotas te detengas un poco y digas, yo he pasado por lo mismo, yo me he sentido igual, soy  superviviente, un/a guerrera/o, pero sobre todo que valores donde estás ahora y sepas que estás en el lugar adecuado, en donde debes estar, por que al final del día, mañana si te lo propones puedes estar en un lugar mejor. ¡Por que ya lo haz hecho! ¡El día de hoy reconócete! ¡El día de hoy date el valor que mereces! ¡El dia de hoy celebra tu existencia! Mírate al espejo y di a esa persona que ves reflejada cuán orgullosa estás de que pasaste un examen, de que te salió ese platillo que tanto querías, de que te ascendieron en el trabajo, de que dejaste una relación tóxica, de que tuviste el valor por ti y por tus hijos de dejar una relación de abuso, porque venciste al cáncer, por que eres madre o padre soltero/a, por que tu hijo/a dió con tu ayuda sus primeros pasos, por que aprendió a escribir, porque entró a la Universidad, por que ¡HOY decidiste ante todo y todos luchar por ti!

En fin, ¡por todo lo que haz logrado! Hoy tanto tú como yo hemos ganado y vencido batallas y por eso ¡te felicito! Ahora te invito a abrazarte, a reconocerte, y ¡a valorarte! No esperes, como la historia de mi madre, hasta tus últimos días para darte cuenta de cuan valiosa/o has sido. De los logros tan maravillosos que has tenido en tu vida. ¡Celebra tus pequeñas victorias! ¡Todas cuentan y cada una de ellas te hace única/o!

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Es bueno decir No

no signHace poco tiempo conocí a una señora en la sala de espera de mi doctor, ya saben sentadas allí esperando ser llamadas para nuestra cita. Ella era muy agradable, simpática y platicadora, asi que como decía mi abuela, ni tardas ni perezosas comenzamos a entablar una conversación, me decía que tenía tiempo con problemas de colon y que no encontraba como controlarlo, que ya tenia varias veces yendo al doctor, con tratamiento y nada, y tampoco tenía nada grave, o al menos eso decían los resultados de los exámenes médicos. Seguimos con la plática y mientras platicabamos recibió tres llamadas telefónicas, los hijos, y una comadre, todos pidiéndole favores y a todos les decía que claro que con gusto. Cuando colgó con cada uno de ellos medio me contaba a cerca de los favores que le pedían. El hijo mayor le pidió que pasara por los nietos porque iba a llevar a su novia al cine. Otro hijo le pidió dinero por que no tenía para completar para pagar la renta y la comadre que quería que le ayudara a hacer unos tamales para una actividad de la iglesia. La señora me decía, y yo no tengo tiempo y sabe, ni quiero, yo ya tenía planes, y eso de los tamales es muy tardado y mi espalda ya no aguanta como antes y ni dinero tengo para ayudarle a mi hijo pero pues, ¿cómo les digo que no? Me quedé escuchando un rato y veía como la cara de alegría que tenía al comenzar nuestra plática ya era mas de preocupación y cansancio. Le dije, ¿me permite hacerle una pregunta? Me contesto, ¡claro! Le dije, ¿por qué no les dice simplemente que no?, que la verdad no puede, que esta cansada y ya. Se me quedó viendo con unos ojos enormes y me dice no se crea, si lo he pensado, pero siempre que trato no puedo, me siento mal,  no se me da el decir que no. Le dije yo no soy doctora, ni tengo títulos de medicina ni nada, pero yo diría que allí están muchas de las raíces de sus dolencias, porque al decir siempre que sí, usted interpone las necesidades de otros primero que las suyas, los deseos de otros antes que los suyos y sobre todo la paz y la felicidad de otros antes que la suya. Me dice, sabe que si es cierto, pero así me enseñaron, así fuí desde niña y mi mamá me decía que siempre fuera servicial y acomedida, que no fuera yo grosera.

Le dije claro que no es malo el ayudar y el apoyar a la gente, pero nunca a cambio del bienestar de uno mismo, le hablé un poco de lo que he aprendido de inteligencia emocional, se me quedó mirando y me apretaba la mano, la llamó el doctor y me dió un abrazo. Cuando salí de mi cita ella me estaba esperando sentada donde estábamos conversando y me dijo, gracias por ayudarme, por abrirme los ojos,  le llamé a mi hijo y le dije que no tenía dinero para darle y ¿qué cree? El como que se molestó, y me dijo que a ver cómo le podía hacer que él no tenía a nadie, y le dije que ya era un adulto que lo arreglara él. Y sabe..¡me siento tan bien! Comenzó a reír, y me dice sabe me sentía como el Pípila siempre cargando la piedrota en la espalda y como que, ¡ya empecé a quitármela! Le dije, ¡la felicito! Y me da gusto el saber que se siente bien y que ha dado este primer paso. Estará de mas decirles que intercambiamos teléfonos y la he visto algunas veces después de ese día, me contó que su hijo mayor le había dejado de hablar por unos meses por que ya no quería cuidarle a los hijos de fin de semana para que se fuera de fiesta o con la novia, pero que le dijo que estaría allí para ellos siempre y que si era por motivos de trabajo contara con ella. Me dijo, ahora ya me habla y me lleva a los niños cada fin de semana sólo de visita y algunas veces los cuido cuando el sale tarde de trabajar o yo quiero pasar tiempo con mis nietos. La ví más radiante, contenta, más delgada y me dijo que sus dolores de colon habían casi desaparecido y que había comenzado a comer mejor y a hacer ejercicio en el tiempo que ella creía que no tenía pero que le dedicaba a los demás. Me dijo, no sabes que bien me siento, como si fuera otra…Y eso es precisamente lo que ella experimentó, ella ya era otra, y esa otra se preocupaba por sus necesidades, deseos y sobre todo su tiempo. Se supo dueña de sí misma.

Esto me hizo pensar en las miles de veces que yo también me sentí en el mismo lugar, y es que a veces fuimos criados de esta manera, yo sobre todo como mujer, para servir, para ayudar, para poner nuestras necesidades, deseos e inquietudes en un segundo plano. A veces el decir NO es terapéutico, aquí te voy a explicar por qué.

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Al saber decir que no, utilizas tu inteligencia emocional

Un “no” de manera respetuosa, bien argumentado y en el momento preciso, puede ser increíblemente bueno para tu salud.  Somos muchas las personas que no nos atrevemos a contrariar a nuestros amigos, familiares, nuestras parejas y a nuestros superiores en el trabajo. Hacer un favor, cumplir una exigencia o una demanda de trabajo, o satisfacer ese deseo de uno de nuestros amigos es algo que no nos cuesta mucho hacer en un momento dado. Pero ¿Qué ocurre cuando esas demandas atentan contra tus propios valores, contra tus propios principios y necesidades? Es ahí donde aparece el problema, y debemos darnos cuenta de ello.

Pongamos el ejemplo de mi amiga, sus hijos le pide favores constantemente en cuestiones que son responsabilidad de ellos, de ser adulto y parece que ellos no tienen problema alguno con esto. O más aún, piensa en esas parejas exigentes que solo son capaces de percibir su propio universo sin ver a sus compañeros/as; personas tóxicas que nos quitan la energía, el espacio propio e incluso nuestra autoestima.

El “no saber decir un NO a tiempo”, acabará trayéndote problemas de estrés, ansiedad y cómo no, una gran frustración. ¿Qué tal si empezamos a reaccionar hoy mismo?

¿Y cómo aprendo a decir que no día a día?

Bueno esto no es algo que llega de la noche a la mañana, pero es un proceso que puedes empezar hoy mismo. Este es un ejercicio que beneficia tu salud, asi como salir a caminar, tomarte el tiempo de hacer ejercicio, comer saludable y sobre todo cuidar tu salud emocional.

Aquí te van unas claves sencillas:

1.- Reconoce tus límites:

Cada uno de nosotros tenemos una serie de valores, principios y necesidades primarias o esenciales que nos definen, que nos dan identidad. Tu tal vez puedes ser de las personas que creen y aman la libertad personal y el respeto. Digamos que tienes por ejemplo una tiene una pareja que te controla todo el tiempo, no te permite relacionarse con amigos, hasta con tu familia, estas enfrentándote a uno de tus valores y necesidades esenciales o primarios, esta confrontación de la misma forma que las disputas que tenemos con otros nos dejan una sensación desagradable, escucha a tus corazonadas, esa voz que te dice que algo no está bien, tú sabes en el fondo cuando sientes que algo está violando tus principios o valores.

2.-Saber decir que no, es un ejercicio diario:

Puede que hoy te ofrecieron unos tamales y estas a dieta, además ni te gustan y por no batallar o hacer sentir mal a los demás terminas llevándotelos. Te ofrecieron entrar a una tanda. Te ofrecieron unos productos naturistas buenísimos que solo te iban a costar un porcentaje mínimo de lo que en realidad cuestan, no los quieres, no estás interesada/o en el producto y también terminas comprándolo. Esto no es bueno, porque seguramente después te has sentido mal, con culpas, hasta enojada contigo misma/o.

Son cosas insignificantes, lo sabemos, pequeñas cosas que, por así decirlo, ponen a prueba en nuestro carácter. ¿Qué te parece si hoy mismo empiezas a hacer lo que verdaderamente quieres? Dentro de unos límites y un equilibrio, es esencial que sepamos defender nuestras propias ideas, nuestro propio pensamiento y nuestro propio criterio. Por ejemplo, si hoy no te apetece quedar con esa amiga para ir de compras, dí simplemente la verdad. No tengas miedo de parecer egoísta o desinteresada, diciendo lo que sientes y piensas te mostrarás como una persona íntegra y sincera que vive en equilibrio consigo misma.

3. Concientízate de que tienes voz, voluntad y derechos

Debemos tener claro, si tenemos miedo a decir la palabra “no”, muchas veces acabaremos siendo el títere de terceras personas y dejaremos en manos de otros nuestro propio destino. ¿Sabes por ejemplo lo que ocurre cuando nos guardamos nuestras propias emociones? Nuestro cuerpo se enferma, aparecen las migrañas, los dolores musculares, nos bajan las defensas, nuestro sistema inmunológico se ve afectado, vienen muchas enfermedades gastrointestinales, se elevan los niveles de cortisol en sangre y enfermedades cardiovasculares. ¿Vale la pena el vivir de esta manera? En absoluto, tenlo claro y atrévete a decir “NO” a tiempo.

Pero eso sí, debe ser un no bien argumentado. “No quiero hacer esto porque me hace daño y atenta contra mis valores.” “No puedo permitir esta conducta que hace que me sienta mal y daña mi autoestima, porque pienso que estás siendo egoísta conmigo”. No se trata solo de alzar un “no” rotundo y seco, explica donde tienes tus límites y por qué es importante.

Si quienes están a tu alrededor conocen aquello que te define, que necesitas, deseas y que no puedes aceptar, estarás “marcando un territorio claro” y te respetarán más. Habrá ocasiones tal vez en las que no comprendan tus explicaciones por más claras que estas sean, que esto no detenga tu avance, no todas las personas entienden y aceptan que debes poner límites en la vida y que esto es sano. Recuerda que si te callas, bajas la cabeza y cedes, corres el riesgo de que cada día se aprovecharán más de ti. Recuerda, un “no” a tiempo hace milagros por tu salud. Por esa salud emocional que todos debemos aprender a desarrollar día a día. Te aseguro que  aunque algunas veces el comenzar no es es fácil, ¡tú lo mereces! La salud física y emocional se trabaja en cada momento y necesita de tu voluntad y tu determinación.

¡Gracias por leerme! Si te gusto compartelo, si tienes algún comentario todos son bienvenidos!