Deja la queja, responsabilizate y acciona.

Escucho muy a menudo personas quejándose de todo lo malo a su alrededor, quejándose de su situación actual. De si antes “eran” y ahora no, que si aquel o aquella es mala o malo, que si mi pareja esto o aquello, que si mis hijos, que si no me invitan, que si no me reconocen, que si el país, que si el presidente y bueno, la culpa es de todo y de todos menos de ellos mismos.

Si tan solo nos detuviéramos un poco para aceptar que eso que estás viendo y viviendo lo creaste tú y comenzar a reflexionar:

¿Por qué atraje esta situación?

¿Y si no la puedo cambiar?

¿Cómo puedo sacar el mejor provecho de esto?

¿Cómo puedo aprender algo nuevo?

¿Qué me está queriendo enseñar?

¿Qué estoy sembrando?

¿Qué me estoy diciendo con esto?

¿Desde donde estoy manifestando esto? ¿De mis miedos más profundos? ¿Desde mis pensamientos de carencia?

Son tantas las reflexiones y preguntas que nos podemos hacer para aprovechar estas experiencias, pero es mejor y mucho más fácil criticarlas o ponernos en la postura de la víctima. Esto nos exime de cualquier responsabilidad. ¡No!

Mientras más criticas mas fuertes se vuelven estas experiencias, más se repiten. Recuerda que lo que das al mundo regresa a ti. Todo regresa y regresa con un efecto de “boomerang”. Si te la pasas quejándote la vida te va a dar exactamente eso que pides, más razones para quejarte.

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Si agradeces y valoras todo lo que eres, cada parte de tu cuerpo, comenzando desde tu cabello, tus dedos, uñas, pies, hasta lo mas grande que tienes como el techo donde vives, tu trabajo, tus logros, todo lo que tienes, a quien tienes, la vida te da más de eso.

 

Mi invitación es a que evalúes en ¿qué te estas enfocando?, ¿cómo están tus relaciones? ¿te aportan? ¿te drenan?

¿Qué estás sembrando hoy?

¿Dónde estás enfocando toda tu energía?

¿Dónde estás desperdiciando tu energía?

Revisa bien todo tu medio ambiente y ahí encontraras muchas respuestas a tantas preguntas que tienes, así vas a poder tomar mejores decisiones, decisiones orgánicas, que aporten a tu vida, que te ayuden a crecer, y si es necesario a volver a comenzar.

 

¿Te animas a hacer esa revisión?

 

¿Cuéntanos?

 

Gracias por tomarte el tiempo de leerme, si te gusta comparte o comenta. Te mando un abrazo grande hasta donde quiera que estés.

Aprendiendo a florecer.

Hace tres años y medio, en un día 10 perdí a mi mamá, cuando volví a Austin de México, con un dolor por dentro como el que no habia conocido jamás, mi suegro me había regalado una Hortencia (hydrangea) para conmemorar a mi madre y recordar su memoria siempre, el no tenía idea que este es mi color favorito y mi planta favorita y era de mi mamá también.

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Han pasado ya tres años y medio de su partida y durante en este tiempo la Hortencia tuvo muchos cambios, no podía crecer, casi muere, no florecía, la cambiamos de lugar para que le diera una luz diferente, cambiamos la maceta a una más grande, parecía que crecía y otra vez se ponía como triste.

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Hace poco vi que aún no podía crecer, asi que le cambié la tierra, le di vitaminas, le hablábamos cada que la veíamos, bueno hasta Luca, mi hijo de 6 años y yo le cantamos. Desde hace unos días me di cuenta que está llena de flores, más grande y hermosa que nunca.

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Hoy reflexiono y la Hortencia soy yo, eres tú. Después de tu muerte mamá no podía florecer, pasé por tantas experiencias para encontrarme, para saber mis colores, para aceptarme y aceptarte, entender de donde vengo, tus por que, los mios, aceptar mi crecimiento, encontrar mis vitaminas que son las personas que me ayudan a crecer, hoy estoy en tierra fértil en un hogar donde puedo florecer, durante este tiempo no solo quería aprender a vivir sin ti y con todos los sentimientos que tiene este proceso de pérdida, de duelo, quería crecer,  vivir en plenitud, quería sentir eso que llaman “ to thrive”.

Hoy al recordarte viendo tu planta hago un recuento de este tiempo y me veo reflejada. Puedo decir que vivo en total y completa plenitud. Mamá te perdí, te tomé de la mano y de la mano de mis hermanas te ayudamos a partir, me enfrenté a verdades que duelen, a “realidades” que desconocía, a un dolor que jamás había vivido, traté de comprenderte, de verte con otros ojos, de sentirte, de ponerme en tus zapatos, me enojé, te juzgué, te perdoné y aprendí a amarte con absolutamente todo lo que eres, aprendí el verdadero significado del amor incondicional, en mi corazón hoy puedo ver que has florecido y así contigo durante todo este proceso, florecí yo. Gracias por seguir siendo maestra, porque aun después de tu partida me llenaste de lecciones y sigues ayudandome a crecer. ¡Feliz día de las madres hasta el cielo mamá!

Gracias por tomarte el tiempo de leerme. Te mando un abrazo a donde quiera que estes.